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Santos Cosme y Damián · Los santos médicos

Santos Cosme y Damián · Los santos médicos

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Santos Cosme y Damián. Los santos médicos. Senén Vila

 

El Museo de Bellas Artes de Murcia conserva una escena pintada por el pintor murciano Senén Vila, dedicada a uno de los milagros de los dos gemelos santos, cuya festividad se celebra el 26 de septiembre.

La pintura se encuentra dividida en dos escenas, la primera en la que los santos parecen dialogar sobre el tratamiento mas adecuado para el paciente que aparece postrado en su lecho, y otra al fondo en la que se representa el momento, en el que por orden de Lisias, Gobernador de Cilicia fueron arrojados al mar para morir, por propagar con entusiasmo el cristianismo. Pero sucedió que una ola gigantesca los sacó sanos y salvos a la orilla. Entonces los mandó quemar vivos, pero las llamas no los tocaron, y en cambio quemaron a los verdugos paganos que los querían atormentar. Entonces, Lisias mandó que les cortaran la cabeza, poniendo fin a sus vidas.

Sobre la escena del ahogamiento en el mar, aparecen dos querubines portando sendas palmas y coronas, símbolos del martirio al que serian sometidos los dos hermanos.

La pintura se completa con dos pequeños bodegones, uno junto a la cama del enfermo, en que podemos apreciar la firma de Senén Vila, y otra mesa con jarra, palangana y toalla, alusiva a la limpieza con que deben operar los médicos ante el enfermo.

Se habla de las maravillosas curaciones que obraron después de su ejecución, así como que se les aparecían en sueños a los que imploraban su ayuda con el fin de curarles inmediatamente. Y esta escena que vemos plasmada en la pintura, parece obedecer a uno de esos milagros realizados durante el sueño del enfermo.

Según la tradición, Cosme y Damián nacieron en el siglo III d. C. hijos de padres cristianos. La leyenda dice que lo hicieron en algún lugar de Cilicia y se trasladaron a vivir a Ayas, un puerto en la provincia romana de Siria, donde estudiaron medicina y llegaron a destacarse como médicos.

Según cuenta la Leyenda dorada de Santiago de la Vorágine, el diácono Justiniano, se hallaba al borde de la muerte debido a una grave isquemia en una de sus piernas, por lo que rezó a los santos implorando su curación.

En un sueño se le aparecieron Cosme y Damián al lado de su cama, portando instrumental quirúrgico (cuchillos, ungüentos) y vistiendo una túnica y una capa. Amputaron entonces la pierna enferma al diácono y Cosme preguntó a su hermano “¿Qué hacemos ahora?” Damián le respondió: “en el día de hoy ha muerto un hombre etíope y ha sido enterrado en un cementerio cercano. Podemos usar una de sus piernas pues ya no la necesita”. Así lo hicieron, cortaron la pierna del difunto y la unieron al muñón del diácono utilizando uno de sus ungüentos.

Al despertar, Justiniano sintió que había recobrado fuerza y salud. Recordó el sueño y al mirarse la pierna, vio que estaba sana y sin rastro alguno de enfermedad, aunque –lo más llamativo- era de alguien de raza negra. El asombrado diácono acudió al cementerio donde con la ayuda de varias personas curiosas abrieron la tumba y hallaron el cuerpo de un hombre negro sin una pierna y a su lado la pierna enferma del diácono. Fueron así testigos de un milagro sublime.

El milagro de San Cosme y San Damián se englobaría en lo que actualmente llamamos trasplante de tejidos compuestos, que son todavía experimentales y que engloban los trasplantes de manos, brazos, cara o piernas, en la línea del trabajo que realiza en la actualidad el cirujano Pedro Cavadas.

El gran reconocimiento popular que tuvieron Cosme y Damián se debe, al parecer, a que ejercían la medicina y la cirugía sin pedir una remuneración a cambio, por lo que atendieron a una gran cantidad de pobres y excluidos en su provincia del Imperio Romano.

San Cosme y San Damián son patrones de los médicos católicos, cirujanos, farmacéuticos, peluqueros, dentistas y trabajadores de los balnearios.