Dado

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DADO. SALA NORTE DEL PALACIO HUDÍ (ACTUAL MONASTERIO DE SANTA CLARA, MURCIA). SEGUNDO TERCIO DEL SIGLO XIII. HUESO TALLADO.

 

La aparición de dados en excavaciones arqueológicas, como este procedente del Monasterio de Santa Clara de Murcia, nos indica la popularidad de los juegos de dados en el período medieval. Pero son sobretodo las fuentes escritas las que aportan la información más valiosa sobre los juegos en el Medievo. El Libro de los juegos de ajedrez, dados e tablas de Alfonso X el Sabio (1283) es sin duda la mejor referencia. 

Parece que el juego de los dados fue uno de los primeros juegos de azar conocidos. Los griegos pensaban que el mítico Palamedes había inventado los dados durante el sitio de Troya; en La Odisea, Homero describe como se jugaba a los dados en la puerta del palacio de Ulises en Ítaca. En el Libro de los Juegos, Alfonso X lo hace provenir de Oriente. Más allá de cual fuera su origen, lo que actualmente sabemos es que el juego de dados era ya conocido en época romana y que en la Europa medieval estuvo muy extendido. 

En la baja Edad Media, la Iglesia estaba abiertamente en contra de los juegos de azar. Las autoridades concejiles también advertían de los peligros que entrañaba abusar de ellos. Como consecuencia de la gran popularidad que alcanzaron, se alternaron momentos de prohibición total, con otros en los que se legalizaban, con medidas de control que reportaban importantes beneficios al erario público. El mismo Alfonso X el Sabio, ante la generalización de los juegos de dados, incluye en su obra legislativa el Ordenamiento de las Tafurerías, con el que se intentaban controlar las prácticas y abusos del juego.  

En el Libro de los Juegos (fol. 65 v.) aparece representada la forma en la que se hacían los dados, utilizando un taladro de violín para hacer los orificios. Los dados normalmente eran de hueso pero en algunas ocasiones se realizaban en madera, piedra o metal. En el códice alfonsí aparecen las distintas modalidades de juegos de dados que existían. Los dados también eran utilizados de forma auxiliar en algunos juegos de tablas.

 

 

Tafurerías. Con este nombre se denominaba a las casas de juegos o lugares, muchos de ellos arrendados por cuenta de la corona y de las villas o ciudades que tenían privilegio para ello, donde se reunían los tahúres para jugar a los dados. Gracias a las ordenanzas sabemos que jugaban tanto hombres como mujeres, moros, cristianos, judíos, nobles, hidalgos y caballeros. Se jugaba por dinero, comida o bebida pero incluso se llegaba a jugar la vestimenta que uno llevaba puesta. En las tafurerías, el tablajero era la persona autorizada a explotar legalmente el juego y el responsable de lo que allí ocurriera. También se jugaba en las tabernas y en ocasiones las tafurerías, las tabernas y los burdeles podían ocupar el mismo espacio arquitectónico.