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Descubre nuestras colecciones · Cratera Ática

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CRATERA ÁTICA

 

 

Gran vaso griego fabricado en la Región del Ática, en la primera mitad del s. IV a. C. Los investigadores lo denominan “Cratera de campana”, debido a la forma que presenta. Está decorada con la técnica de las “figuras rojas” y se le atribuye al pintor del Tirso Negro.
Tumba: nº 47, nº de inventario 104.
Dimensiones: Altura 26 cm. D.boca 26 cm. 

La cratera de campana se usó en el mundo griego, en los banquetes o simposia como contenedor de vino mezclado con agua ya que, para los griegos, beber el vino puro era una costumbre propia de los pueblos bárbaros. Según el canon griego, el diámetro de la boca de estos recipientes, debía ser igual que la altura del mismo, de manera que su ancha boca y cuerpo profundo permitía a los comensales servirse directamente, al introducir la copa en ella o bien un cazo, similar a los que utilizamos en la actualidad para servir los alimentos líquidos.

Desconocemos la función que le dio su propietario, pero si sabemos que le sirvió como urna funeraria tras su muerte, por lo que debió tratarse de un personaje de elevado rango social, puesto que es una pieza muy lujosa y de momento, única en el Cigarralejo. 

Para ejecutar la decoración pintada, se barniza en negro casi todo el recipiente, dejando exento el contorno de las figuras que componen la escena a representar. Posteriormente se realizan los detalles con un fino pincel que marcaría los rasgos faciales, pliegues de las ropas, adornos, etc., De esta manera, queda la escena en el color rojizo de la arcilla, resaltando sobre el negro brillante del barniz. La pintura blanca se aplicó a las carnaciones de los personajes femeninos y para destacar algún elemento, como las joyas.

La temática decorativa del anverso coincide con su función. Se trata de una escena del cortejo de Dionisos, dios del vino, en el que aparece una Ménade o Ariadna vestida con peplos y enjoyada, sentada entre dos sátiros. La mujer le entrega, a uno de ellos el tirso o, vara cubierta de hojas de hiedra y parra que es el símbolo de este dios. Al fondo, dos racimos de uva esquemáticos, penden del cielo.

En el reverso vemos una escena de palestra en el que, después de los ejercicios gimnásticos, el joven alumno –con una botella tipo aríbalos en la mano-, dialoga con su maestro que porta un bastón. Ambos se envuelven en amplios mantos o himatia. 
Enmarcan las escenas: hojas de laurel sin frutos por arriba y en la parte inferior, una fila de grecas, decoración típicamente griega.