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San Francisco de Borja

San Francisco de Borja

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San Francisco de Borja

 

Madera tallada y policromada
168 x 90 x 55 cm
Ca. 1721

El Museo de Bellas Artes de Murcia conserva una imagen tallada de San Francisco de Borja representado en una composición teatral y efectista, en la que la figura, de brazos abiertos y rostro desencajado, contempla la calavera coronada de  Isabel de Portugal, esposa del emperador Carlos V.  

En un trasunto del mundo interior de San Francisco de Borja, el escultor nos muestra un ascético rostro, que no anda lejano de la mascarilla mortuoria que de aquel se conserva. 

La obra está cercana en su materialización a los terribles cuadros de vanitas que imponen descarnadamente la idea de la fugacidad de la vida, y el sinsentido de unirse a los afectos humanos, limitados por la implacable marcha del tiempo y la caducidad de todo lo terreno, y observa en su puesta en escena el mismo sentido plástico y dramático que domina los cuadros de este género. 

La escultura perteneció a la Iglesia del antiguo Colegio de San Esteban de Murcia, para la que fue hecha exprofeso, y se trata de una de las obras maestras de su tiempo, reconocida unánimemente. Es evidente el hondo tono dramático y la soberbia calidad formal, muestra de la extremada tensión espiritual con la que el escultor dotó a la imagen, tensión y drama que se hacen patentes en la magnífica cabeza, manifestando igualmente en el cuerpo, y las vestiduras, un excelente oficio escultórico, al servicio del efecto expresivo que le confiere al rostro.. Éste aparece pleno de vitalidad plástica, e imbuido de una emoción conmovedora que acredita la maestría de un gran escultor. El estudio de manos y rostro revelan una gran veracidad, pero esa realidad revierte en aras de una visión contemplativa y ascética. 

El sabio contrapunto compositivo de la figura, los amplios ritmos marcados por los plegados del ampuloso manteo, y hasta el propio gesto de la mano derecha, de sorpresa elocuente pero comedida, todo está supeditada a la impresionante cabeza del santo. 

Sus afilados perfiles nos acercan a la célebre imagen del jesuita, inspirada sin duda en  la pintura realizada por Alonso Cano en 1624, pero por encima de todas las demás representaciones, ésta nos contagia, con su mirada alucinada, un angustioso asombro, que enlaza, por medio de un eje compositivo invisible, la mirada de San Francisco con el desnudo cráneo imperial. 

 

Y llegados a este punto nos falta por establecer la autoría  de la talla, que estuvo tradicionalmente asignada a Nicolás de Bussy, desde que en 1943 José Sánchez Moreno indicó que la obra podía ser “atribuible” al estrasburgues, aunque remarcando que no poseía documentación que lo refrendara, y no aportando tampoco ningún otro dato o estudio complementario que avalara su tesis. 

Con el paso del tiempo, dicha atribución se perpetuó en la historiografía local y nacional, apareciendo así en cuantos estudios se han venido realizado sobre este escultor. 

En 2017 el investigador Juan Antonio Fernández Labaña publica “San Francisco de Borja, una obra de Nicolás Salzillo”, un pormenorizado estudio que rebate  la  autoría de esta conocida escultura,  concluyendo que no se trata de una obra de Nicolás de Bussy, sino de otro Nicolás,  Salzillo, el padre del insigne escultor murciano.