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La puerta de Marichaves

La puerta de Marichaves

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La Puerta de Marichaves. En torno al cambio XV-XVI
 

  

Esta puerta, de madera tallada de dos hojas que giran sobre goznes  se organiza por medio de una doble estructura: al interior, en peinazos y cuarterones, en el exterior, la madera va tallada en 20 casetones octogonales, profusamente decorados con unas imágenes que, desde un origen vacilante y difícil iconografía, encierran un amplio repertorio, que oscila entre la antigüedad oriental, persa, grecorromana y judeocristiana; la fantasía de los Bestiarios medievales, con el mundo de lo onírico, atávico y esotérico, siendo aunadas distintas tradiciones, y a su vez pasadas por el tamiz del Renacimiento.
Según el escritor Santiago Delgado se trata de una puerta-libro: “el mejor ejemplo, son las del Baptisterio del Duomo de Florencia, con relieves de Ghiberti, llamadas Puertas del Paraíso...Es una obra del siglo XV castellano, encrucijada entre Gótico y Renacimiento. Un artesano posiblemente mudéjar y una obra de carpintería muy valiosa. La forma de libro; esto es soporte material de una historia o contenido, la cumple a la perfección”. 

La puerta es un claro ejemplo de lo que conocemos como horror vacui, pues en ella no queda el mas mínimo espacio sin decoración, pero desconocemos quien pudo ser el avezado carpintero que la construyo. No sería improbable que en su diseño hubiera intervenido alguno de los tallistas que en esos momentos estuvieran trabajando en la decoración de la Capilla de D. Juan Chacón, y que continuó su hijo Pedro Fajardo, pues en ella también podemos encontrar relieves que parecen procedentes del mismo imaginario fantástico.

Haciendo mención al origen de la Puerta, habría que decir que, antes de pasar al Palacio del Contraste de la Seda, cuenta la leyenda (tal vez favorecida por el mismo vendedor de la misma, para dotarla de misterio) que había pertenecido a Mari Chaves, una supuesta pitonisa judaizante de origen portugués, sancionada junto a su hermano Melo por la Inquisición en 1720. Y allí permanecería hasta la inauguración de la sede actual del Museo de Bellas Artes en 1910, pero no figura en los inventarios hasta 1973. 

En cuanto a la titularidad de la obra, fue adquirida por la Comisión Provincial de Monumentos, participando en la Exposición de Bellas Artes y Retrospectiva de las Artes Suntuarias de 1868.